Innovar y emprender es crear valor social

11 diciembre

Innovación y Emprendimiento van dónde mismo y aunque no siempre caminen juntos, queremos que se visibilicen como los principales recursos para el desarrollo nacional.

Todos estamos de acuerdo con la riqueza económica y existencial que produce la innovación y el emprendimiento. Ya sea que alguien ingenie un mecanismo para combatir la desertificación, solucione algún problema industrial, o que personas visionarias y comprometidas se decidan a ampliar los límites de su oficio o profesión haciendo empresas; son todos factores esperanzadores que dan dinamismo y propósito a cualquier comunidad.

Por ese camino, Chile ha ido aprendiendo el valor de abordar las oportunidades como ocasiones de experimentación y desarrollo. El que en nuestro país se haya generado un ecosistema de innovación y emprendimiento de nivel mundial, no deja de ser sugerente y abre las puertas que más chilenos comencemos a respirar los aires de la innovación. Tarea que promete satisfacciones y desafíos, no solo porque el mundo que conocimos (o nos contaron) dejó de existir, sino porque la velocidad y el ritmo del cambio llegó para quedarse, obligándonos a abandonar nuestras resistencias naturales a las nuevas ideas y a los nuevos modelos de negocios.

El que actualmente seamos considerados el país con más emprendedores del mundo (17% hombres y 15,3% mujeres en el período 2012–2016), habla de un escenario muy optimista respecto al espíritu empresarial que se ha instalado en nuestra patria, en el que podemos comenzar a hacer definiciones mucho más ambiciosas sobre Innovar y Emprender.

Una o dos cosas (y cada vez más) en común

Un aspecto clave de este escenario es que para emprender e innovar se requiere porfía y determinación (lo que llamamos resiliencia), para afrontar frustraciones y derrotas convirtiéndolas en procesos de aprendizaje permanente. Toda experiencia de fracaso sirve a los propósitos de un emprendedor, aunque para un emprendedor nacional no se le hace necesario dar eternos palos de ciego para innovar o emprender pues Chile ha demostrado poseer cantidad y calidad de información en este campo. De hecho, podemos decir que los chilenos, además de ingenio y perseverancia para crear empresa, poseemos también la valentía para hacer frente al error y el fracaso, como señaló Alejandra Mustakis, Fundadora de IF Chile y Presidenta de la ASECH, citando un estudio del Global Entrepreneurship Monitor: “sólo un 29.4% de los emprendedores chilenos tiene temor a fallar en su emprendimiento”. Lo que posiciona al emprendimiento como una forma potente de encauzar el desarrollo personal y la productividad social, pues crea oportunidades de experimentación y aprendizaje en ámbitos tan diversos como: la creación de productos y servicios, la solución de problemas de educación, vivienda, transporte y salud o el uso de nuevas tecnologías en procesos claves de las compañías tradicionales (donde el desarrollo de startups nacionales ha llegado a desafiar la idea clásica de empresa).

En esta intersección de Innovación y Emprendimiento es que la innovación abierta y los distintos actores que configuran el ecosistema nacional se encuentran para producir nuevas posibilidades de acercamiento y creación de valor mutuo. Poner en contacto grandes empresas y emprendedores, los empuja a un diálogo “fuera de la caja”, que abre los ojos tanto al emprendedor (sobre sus posibilidades y alcance), como a las empresas consolidadas, al exponerse a innovar fuera de su ámbito corporativo. Así lo viejo, lo nuevo, lo grande y lo pequeño se unen para enfrentar los retos del globalizado mercado actual.

¿Qué viene ahora y a dónde queremos llevar a iF Chile?

Como chilenos tenemos varios desafíos que resolver, entre ellos acortar la brecha en la inclusión femenina en este ecosistema, consolidar un sistema nacional de innovación y emprendimiento con más presencia del sector privado, así como globalizar los esfuerzos de los emprendedores. Es decir, mantenernos alertas a los cambios sociales, integrar con eficacia iniciativa privada y capacidades del estado, simplificar procesos e incentivar el ánimo exportador nacional.

El trabajo de iF Chile ha sido empujar este cambio, saliéndole al paso a los temas que están moviendo la agenda del emprendimiento y la innovación a través de la cultura y la integración de empresas y emprendedores. Para que esto no se detenga es necesario continuar fortaleciendo la musculatura creativa del país, promoviendo un networking activo que reúna los grandes problemas con quienes que están creando soluciones.

Estamos desafiados a vivir en un aprendizaje y desarrollo constante de mejores herramientas para el fortalecimiento de nuestra comunidad (branding experiencial, diseño de servicios, metodologías ágiles, gamification, inteligencia aplicada al big data, etc.), pues sabemos que los desafíos no disminuirán: el espacio digital se ha disparado como un catalizador de negocios, Chile necesita seguir despegándose de la producción de commodities, incorporar modelos de economía sustentable y/o circular, así como acortar las brechas en el acceso a oportunidades en diversos ámbitos sociales. Y estos retos son apenas la parte visible de un enorme iceberg de provocaciones que se desplaza hacia nosotros, seamos pequeñas, grandes y medianas empresas o instituciones de salud, educación y vivienda (públicas y privadas).

Por estas y muchísimas otras razones es que hoy, a diferencia del desdichado Titanic, debemos dar un uso disruptivo a nuestra capacidad de emprendimiento e innovación para abordar los retos que se aproximan y no podemos ignorar. La misión de instancias como iF Chile (así como de todas las que configuran el ecosistema nacional de innovación y emprendimiento) es sacar lo mejor de nuestros talentos y generar un encuentro entre dichos talentos y los desafíos de una sociedad cada día más conectada y consciente de las oportunidades de un mundo globalizado.